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Segunda oportunidad | Carlos Guerrero Yamarte

Guaidó debe entender que esta segunda oportunidad no es un cheque en blanco

El 5 de enero marcó una agudización en la crisis política que vive Venezuela. Ese día se debía elegir una nueva junta directiva de la Asamblea Nacional para el periodo 2020-2021, si bien se eligió y con Juan Guaidó  nuevamente a la cabeza, se desarrolló en medio de un asalto al Palacio Federal Legislativo, sede de la Asamblea Nacional, por parte del chavismo y funcionarios serviles de la GNB a la dictadura. Para llegar a ese punto, Maduro utilizó a los peones asalariados que ha logrado comprar de las filas opositoras para intentar hacerse con el control del parlamento, pero la jugada no le resultó del todo como él deseaba. [Lea: Guaidó se enfrenta a un 2020 de retos en medio de su desgaste]

Si bien la bancada del PSUV en la Asamblea Nacional impuso carnavalescamente a Luis Parra como supuesto presidente del Poder Legislativo, la realidad es que allí, sin la presencia de diputados opositores ni del mismo Guaidó, se fraguó un golpe al parlamento condenado internacionalmente por la evidencia de los hechos. La mañana del 5 de enero la dictadura ordenó militarizar los alrededores del Palacio Federal Legislativo con la intención de obstaculizar lo que era evidente: la reelección de Juan Guaidó como presidente. Los militares haciendo uso de la fuerza bruta golpearon y retuvieron a la mayoría de los parlamentarios opositores en alcabalas ilegales destinadas a dilatar el inicio de la sesión de instalación de la Asamblea, todo esto premeditado para permitir que el chavismo nombrara a dedo a Luis Parra como "presidente", pero el proceso fue tan turbio ante la falta de quorum suficiente para elegir a una nueva junta directiva que hasta los momentos el país desconoce quiénes fueron esos supuestos diputados que avalaron el asalto de Parra y sus jefes del PSUV.

Frente a los intentos arbitrarios del chavismo, Guaidó y los demás diputados intentaron entrar por la fuerza al hemiciclo de sesión pero los esbirros de la GNB los golpearon salvajemente (la diputada zuliana Elimar Díaz presentó fractura del manguito rotador de su brazo izquierdo) con cascos y escudos y hasta al mismo líder opositor lo zarandearon rompiéndole su vestimenta. Pocas horas después, Guaidó anunció la reprogramación de la sesión de instalación para las 5 de la tarde, esta vez se realizaría en la sede del rebelde diario EL NACIONAL, movimiento permitido por el propio Reglamento de Interior y de Debate de la Asamblea Nacional. 


Nueva junta directiva de la Asamblea Nacional. Juan Pablo Guanipa del lado izquierdo, Juan Guaidó en el medio y Carlos Berrizbeitia del lado derecho

El mismo 5 de enero, en la sede de EL NACIONAL, con verificación de quorum y con voto nominal, Juan Guaidó fue reelecto presidente de la Asamblea Nacional con 100 votos, más de los 84 necesarios para poder ser investido jefe del parlamento nacional. Guaidó, claramente emocionado, agradeció la dignidad de los parlamentarios por su elección, donde también resultaron primer vicepresidente Juan Pablo Guanipa, reserva moral del partido Primero Justicia, y Carlos Berrizbeitia en representación de los partidos minoritarios pero elementales para cualquier decisión. [Lea: Guanipa,por el camino correcto]

Así las cosas, la holgada reelección de Guaidó fue inmediatamente reconocida por la comunidad internacional, Estados Unidos a la cabeza con el Grupo de Lima, y por la misma Unión Europea, cuya tibieza frente al régimen de Maduro le ha costado una lluvia de críticas. Pero lo más resaltante ha sido de igual manera las condenas por el asalto militar al Palacio Federal Legislativo por parte de los gobiernos izquierdistas de Argentina y México, quienes no pudieron permanecer en silencio ante lo grotesco de los acontecimientos que se desarrollaban en Caracas.

Con esta breve explicación de los hechos del 5 de enero, llegó el 7 donde Guaidó con los 100 diputados que lo respaldan entraron a empujones al Palacio Federal Legislativo después de que la secretaría entrante, a cargo de Angelo Palmeri, convocara para ese día la primera sesión del año con la intención de condenar el asalto que se mantiene dada la militarización de las adyacencias de la Asamblea Nacional. Después de un tenso intercambio de palabras entre Guaidó y el militar destinado a la “custodia” del recinto parlamentario, los diputados rompieron el cerco militar y abrieron las puertas del hemiciclo de sesión mientras Luis Parra y sus secuaces huían despavoridos ante la indignación provocada por su vulgar traición.

Dentro del hemiciclo, los diputados celebraron aquella victoria simbólica frente a los pocos medios de comunicación a los que se les permitió la entrada, mientras a las afueras otros tantos reporteros eran embestidos brutalmente por los llamados colectivos que no son más que las hordas hambrientas del chavismo. En la tribuna y sin electricidad, Guaidó fue juramentado en calidad de presidente encargado por un periodo más y bajo el Estatuto que rige la Transición.

Algunos analistas consideran que la estrategia de Maduro para el 5 de enero fracasó en el sentido de que logró darle mayor cobertura a un Guaidó desgastado, con una precaria capacidad de convocatoria y movilización y con gran división entre sus filas por las decisiones tomadas el año pasado. Después de los acontecimientos del 5 de enero, nuevamente la figura de Guaidó ha recobrado brillo y atención ya que evitar su entrada a la Asamblea Nacional junto a los demás diputados y militarizar completamente el recinto para entregárselo a un títere confeso evidenció nuevamente que el talante democrático de Maduro es solo una utopía de la que se afinca el aparato de propaganda dictatorial.

Sin embargo, Guaidó debe entender que esta segunda oportunidad, que le ha llegado a sus manos de forma desesperada y sin él percatarse, no es un cheque en blanco, todo lo contrario. Su compromiso es mayor para rectificar sobre los errores y echar a andar una serie de estrategias que logren terminar de aislar al chavismo y levantar la moral de los venezolanos que han perdido en cierta medida la esperanza ante la resistencia de la dictadura y sus intenciones de terminar por fulminar el único reducto con legitimidad y reconocimiento en el país y en el mundo como lo es la Asamblea Nacional.

Guaidó convocó desde ya a una serie de movilizaciones para agitar las calles en nombre de la defensa de la libertad de todos, una vez más apelando a la responsabilidad ciudadana de los venezolanos en persistir en la lucha por el regreso de la democracia y para eso, fue enfático, pidió la unión ante el peligro que significa “perder la República”.

➨ Artículo escrito por Carlos Guerrero Yamarte (@SrVenezolano), director de Subversión en letras y estudiante de Periodismo en la Universidad del Zulia (LUZ)

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