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CRÓNICA | Entretejiendo | Henrry Velasquez


Aquí me encuentro en una larga cola ¿para qué? es fácil de explicar aunque existan muchas respuestas en cuanto lo que significa la misma… para intentar retirar efectivo del banco donde tengo la cuenta –una entidad privada, en la pública te ahuyentan. Hay muchas personas,y me atrevo a decir que más desde la última vez que vine, eso ya hace quince días aproximadamente, cuando me tocó ir hasta Valencia a buscar unos medicamentos de mi mamá.

Me imagino que la suma de personas es porque el problema se incrementa y todos andamos de urgencia y no hay mucha escapatoria a tal crisis. A veces provoca correr o llorar, es un cúmulo de recuerdos que van, vienen, los llevas a la realidad pero es difícil, no hay espacio, se perdieron las piezas del rompecabezas, hay nuevas pero que no terminan de encajar. Simplemente extrañas voces, olores, ritmos, colores y hasta tu país lo extrañas, su esencia.

Mientras tanto, se me ocurrió la idea de escribir; cargo la mayoría de las veces mi bolso (de medio lado o terciado) y adentro una botellita de agua, mi cuaderno tipo escuela y un bolígrafo, de tinta negra por favor. En ese instante que acierto una hoja impecable, comienzo a estirar la mano y como la gente está intacta, paralizada porque es bien temprano a eso de las siete de la mañana, muchos quizás sin el primer bocado del día, con sueño, cansancio, qué se yo… Me miran con esos ojos de curiosidad; un chamo, joven, en una cola, sacando un cuaderno y escribiendo, "parece ser muy insólito"… Pensarían los más chiflados, pero es una aptitud que tengo desde niño por herencia, crianza o una gracia divina.

Por otra parte, no me había percatado que había una chama, estaba tejiendo un suéter para sí misma, desde mi altura podría describirla de estatura media, muy simpática por cierto. Me causó gracia porque al rato de verla y en ese momento avanzaba la cola para entrar al banco y le comenté que la mencionaba en mi escrito y de inmediato me preguntó: ¿Estas realizando un reportaje?

No mi amor, lo hago por gusto. Una vez que entramos al banco,tuvimos que hacer otra fila que no tenía forma, solo sé que todos obviamente teníamos el mismo propósito: efectivo, tan necesario y tan escaso, pero de eso no quiero desglosar, pasaría horas y hojas escribiendo.

En esos ratos se pueden presenciar necesidades, ver gestos, oír conversaciones e inclusive unirse a ellas y resultan jocosas, tratan cualquier variedad de temas, desde la situación país hasta el cómo se prepara la comida, es como cultura general en cuestión de minutos jajajaja. Eso se convierte en catarsis, así como lo que he venido escribiendo. 

Una hermosa niña, creo que no pasaba los cinco años de edad, se encontraba sentada en el piso. Cargaba una hoja blanca, un gancho de ropa y varias flores. Su tiempo transcurrió en pegar todas las flores con el gancho en la hoja. Me pareció tan natural, me recordó la inocencia del ser humano con el ambiente.

Entremetido entre tanta gente, todos hablan, caminan de un lado a otro… Se oye un pito que va alertando y anunciando los cuatro últimos dígitos de la cédula de identidad –no carnet de la patria, vale destacar que deben acercarse hasta la taquilla, firmar, colocar la huella y esperar unos segundos para que la operadora te haga entrega de cinco billetes de veinte mil bolívares que da un total de cien mil en efectivo, sí, el fulano y anhelado efectivo. 

Me inquietaba el saber que nuestro país vive un momento histórico y nosotros por supuesto vamos incluidos. A partir de mañana se le restan tres ceros al Bolívar, es decir, esos 100.000 pasarían a 100 Bs. y los 20.000 a 20 Bs. Mi pregunta es: ¿Qué haré con estos billetes? Pero después recordé que ese proceso es para que la gente vaya familiarizándose con los precios del Soberano, el nuevo acompañante del Bolívar ya que el Fuerte se acabó. Parece que fue ayer aquella reconversión del 2007.

Revisando, me llama la atención que llevo rato escribiendo, con algo de incomodidad porque estaba sin nada firme para apuntar… Sin embargo, me generó satisfacción, pasaba tiempo ya que no escribía y en qué ocasión, circunstancia, se me ocurrió hacerlo.

Lo más resaltante de esto es cómo podemos observar diversas realidades en un solo momento. En estos tiempos de dificultad, a través de la queja y el lamento no nos imaginamos que existen otras personas con situaciones sumamente más complicadas, en este instante uno se siente como un tonto, un estúpido. Agradecer a Dios por lo que tenemos y por lo que no, también. 

Así pasó ese lapso de tiempo en el banco; escribiendo, entretejiendo realidades y sin dejar de sonreír, por más gris que se torne tu vista, siempre habrá quien la necesite, así como tú puedes recibirla. Agradecido.

  • Artículo escrito por Henrry Velasquez

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