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El error de Lula | Carlos Guerrero Yamarte


Lula cometió un crimen que le costó su libertad y la admiración que los brasileños más centristas podrían haberle tenido, pero, sobretodo, Luiz Inácio Lula da Silva cometió un grave error y es el de haberse creído superior a las leyes, al Estado de Derecho y a la democracia. Ese, tal vez, fue su peor error.

Si bien Brasil es considerado uno de los países de mayor crecimiento económico de la región, en los últimos años su potencial se ha visto seriamente afectado ante los escándalos de corrupción que han derivado de la Operación Lava Jato que ha dado a conocer tramas como la de Odebrecht, que no solo involucra a Brasil, sino que se extendió a toda América Latina. Durante la “era Lula” estos tentáculos llegaron a todas las áreas del poder político brasileño y el Palacio de Planalto (o Altiplano) no fue la excepción. Lula, junto a sus camaradas, aprobó la mayor red de corrupción revelada hasta nuestros días en la región y estos hechos ocasionaron que políticos de todos los partidos, tanto de derecha como de izquierda, fueran investigados, encarcelados y procesados por la justicia de la nación sudamericana, hoy por hoy, sumergida en una delicada polarización que se acentúo con el encarcelamiento de Lula pero que antes se remarcó con la destitución de Dilma Rousseff.

El expresidente Lula, admirado por la izquierda latinoamericana, creyó tener algún tipo de inmunidad divina por haber sido el jefe de Estado que sacó de la pobreza a más de 20 millones de brasileños, si bien, esta cifra es discutida pero es innegable el aporte social de su gobierno a los más desamparados del país, de los cuales muchos de ellos se concentraron desde el 5 de abril a las afueras del Sindicato Metalúrgico ABC, cuartel general del exmandatario encarcelado, para brindarle todo su apoyo a un punto de intentar prohibir su arresto por parte de la Policía Federal. Sin embargo, esa inmunidad se encontró de frente con la eficaz justicia brasileña, especialmente con la valentía del juez Sergio Moro, que desde Curitiba, capital del estado de Paraná (ciudad donde permanece encarcelado Lula) llevó adelante las investigaciones pertinentes para dilucidar la corrupción de la cual cientos de políticos fueron parte esencial de aquella vergüenza nacional.

El error de Lula, además de creer tener el derecho de delinquir, fue creerse superior a las leyes y, con el populismo como bandera, intentar endosarle al pueblo sus culpas. El expresidente debe reflexionar en la celda a la que ha sido confinado, con todos sus derechos protegidos, que la democracia y el Estado de Derecho están por encima de las eufóricas arengas que él solía pronunciar no sin antes llorar un buen rato. La justicia en Brasil es un ejemplo a seguir.

  • Artículo escrito por Carlos Guerrero Yamarte | @SrVenezolano

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