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Colombia: la guerra de la PAZ


Las fuerzas democráticas colombianas decidieron el destino de la paz, en un resultado sorpresivo, pero democrático, donde se pierde o se gana y la voz de la minoría debe ser escuchada junto a la de la mayoría

¿Por qué Colombia debe elegir entre la paz y la guerra? Hay que señalar que la paz no puede ser algo que se someta a una votación en una nación. Sin embargo, en este plebiscito se evidenció no solo la pregunta de si se está o no de acuerdo con el tratado de paz, la pregunta en realidad para los factores políticos fue: ¿Estás con Uribe o con Santos? Con Dios o con el diablo, pero no con los dos. En dos monosílabas SÍ y NO, se encerraban 53 años de atentados, homicidios, secuestros, violaciones y luchas políticas. El SÍ llamaba al perdón, el NO a la justicia. 

El acuerdo de paz con los insurgentes de la las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ahora está sumido en la incertidumbre de las decisiones que podrían tomar las fracciones del acuerdo de unidad nacional que ha convocado el presidente colombiano Juan Manuel Santos al reconocer este domingo el resultado. También aseguró que el cese al fuego bilateral con las FARC seguirá vigente y que el mismo lunes convocaría a todas las fuerzas políticas, en especial a las de oposición, para escucharlas y seguir buscando una salida dialogada al conflicto con las FARC. No triunfó la “paz”, pero sí callaron los fusiles, al continuar el cese al fuego. Se podría decir que es una pequeña victoria dentro de la derrota.

Así mismo, la polarización es uno de los principales miedos de los ciudadanos colombianos, y con toda razón, los resultados oficiales arrojan un margen de diferencia de 60.000 votos aproximadamente. Incluso, ya iniciaron una ronda de protestas en contra de Santos para exigir su renuncia, lo que en realidad es incongruente ya que la elección no medía sus capacidades o funciones como presidente, mucho menos su constitucionalidad o poder institucional. 

La paz en Colombia se convirtió en un plan de Estado, en un negocio económico, en una guerra política protagonizada por Santos Vs Uribe. No se votó por la paz, se votó por acuerdos, incluso que beneficiaban a empresarios privados. La PAZ en Colombia se convirtió en una lucha presidencial, no de humanidad, no de defensa a los derechos, si no de espacios políticos que no querían ser cedidos. El gobierno perdió desde que la participación fue solo del 37% de los colombianos y la oposición perdió al condicionar el cese al fuego. Luego de años de hostigamientos que tienen cansada a la sociedad colombiana, la abstención debe tener también una lectura. 

El pueblo votó por reencausar el acuerdo, hacia la justicia, hacia el respeto de la dignidad y bajo la promesa de un acuerdo de unidad nacional que garantice la verdadera paz, la sociedad colombiana hoy espera resultados ante la desesperación de miles de comunidades que son víctimas de constantes abusos. Justicia no puede significar derogación de las instituciones. Así mismo, el pluralismo político no puede percibirse como premio al delito. 

El presidente Santos pretendió vender que el plebiscito era la paz y, realmente, no lo era. Existen diversos grupos terroristas y de insurrección, no solo las “FARC”, por lo tanto, la paz no se firmaba al pactar con un solo movimiento. El ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el movimiento 19 de Abril (M-19), aún tienen campamentos activos donde reinan las violaciones a derechos humanos y el narcotráfico como paraíso económico fortaleciéndose cada día. La política Colombiana por años estuvo gobernada por las bandas narcotraficantes y paramilitares, en ciertos puntos, este acuerdo de paz revivía esta forma de hacer política. Este acuerdo contemplaba la transformación de las FARC en un partido político, con escaños asegurados dentro del Congreso colombiano al menos por ocho años. El triunfo del No para nada significa que no ha valido la pena el proceso de diálogo. El diálogo siempre será un triunfo, hacia el entendimiento y respeto de las partes. 

Los colombianos dieron otro mensaje, “NO somos Venezuela”, ya que los derechos democráticos sí están garantizados para todos los sectores. El expresidente Uribe usó para su campaña por el NO, la situación democrática de Venezuela, incluso planteando que la Venezolanizacion de Colombia también se estaría votando en este plebiscito. Lo cual es una falta de respeto a los ciudadanos venezolanos que estamos pasando por un mal momento y que por muchos años hemos recibido a miles de colombianos refugiados por el conflicto. 

El NO al plebiscito no es un no a la paz, ni se puede considerar así. Hay que hacer una sumatoria que permita que la terminación del conflicto goce de un mayor respaldo. Las FARC seguramente van a decir que ellos negociaron con el presidente y aspiran a que el acuerdo se cumpla; El presidente deberá resolver los obstáculos. Se van a tener que explorar las posibilidades de renegociar.

Es fundamental que en nombre de la paz no se creen riesgos a los valores que la hacen posible: la libertad, la justicia, el pluralismo, el Estado de derecho, la dignidad del pueblo, acompañado de una educación de calidad, como cabeza de las políticas de inclusión hacia todos los sectores que garanticen el progreso de una nación. Las PAZ no debería someterse a votación en ninguna nación del mundo.



Orlando Chacón / @OrlandoChacon_.

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