De la astucia de Rosales nadie puede dudar, lleva más de 20 años en la primera línea política, pero su capacidad intelectual y su falta de escrúpulos para hacer valer su posición política ya es otro cuento.
La carrera política de Manuel Rosales puede fácilmente calificarse como exitosa. Ese zorro viejo de la política zuliana ha ocupado cuanto cargo público al que ha sido candidato, salvo su fracaso presidencial en 2006; y 20 años después todavía logra, polémica mediante, marcar de alguna forma la agenda política o posicionarse en el debate público. Por supuesto que el rechazo de los venezolanos —y zulianos también— a su imagen aumenta cada vez que abre la boca.
Donde no ha logrado tener éxito Rosales es en hallar un heredero político efectivo. En este campo se ha llevado una decepción tras otra: Pablo Pérez, su esposa Eveling Trejo y, recientemente, José Javier Barboza, por este último casi llora en un acto público. Todo apunta a que ahora su esperanza está puesta en su hijo Carlos Manuel, quien no le pierde pisada al padre. De la astucia de Rosales nadie puede dudar, lleva más de 20 años en la primera línea política, pero su capacidad intelectual y su falta de escrúpulos para hacer valer su posición política ya es otro cuento. Parece que ahí es donde más se parecen padre e hijo.
Carlos Manuel no escatima en recursos retóricos para vender a su partido —Un Nuevo Tiempo, el partido de papá— como la más abnegada y visionaria organización política del país. “Un Nuevo Tiempo salvó la ruta electoral”, dijo recientemente en un video que difundió en sus redes sociales, en referencia al proceso político que inició en 2023 y que acabó con la victoria electoral de Edmundo González Urrutia el 28 de julio de 2024. Un intento de borrar toda una historia.
Venezuela hoy está atravesando el camino hacia la libertad inminente porque hubo un 3 de enero, que a su vez ocurrió gracias a un 28 de julio
En un país tiranizado por el chavismo, donde sobre el 80 % de la población anhelaba un cambio político, pero ya casi nadie creía en procesos electorales por la infructuosidad de estos para generar cambios reales, producto precisamente de farsas electoralistas y fraudes, quien realmente logró nuevamente reavivar la llama de la esperanza en los venezolanos fue el liderazgo en ascenso de María Corina Machado. Fue ella quien reubicó a los venezolanos en la senda electoral, pero no por la propuesta de una participación por no dejar pasar —la visión rosalista—, sino por armar un movimiento político-ciudadano con propósito que iba mucho más allá de la cita comicial. Por su claridad de que la fuerza debe confrontarse con fuerza y su clara postura de que la lucha venezolana es una batalla entre el bien y el mal.
Que Rosales haya “salvado” la ruta electoral por haberse inscrito como candidato tapa por la inhabilitación que pesaba sobre María Corina y las inhabilitaciones que cayeron sobre todas las personas que ella propuso —Corina Yoris, por ejemplo—, es otra falsedad. Edmundo, hoy presidente legítimo de Venezuela, fue inscrito también como candidato tapa en la tarjeta de la Unidad. Al final sería González Urrutia, junto a Machado, el héroe de todo este proceso. Rosales, gobernador del Zulia por ese entonces, procuró no mancharse mucho de la campaña y, como buen calculador, zorro viejo y divisionista, ordenó a sus huestes promover su tarjeta electoral por encima de la tarjeta de la “manito”, sin importarle causar confusión en el electorado. Lo único que quería salvar era a sí mismo, fuese cual fuese el resultado, lo cual con el tiempo acaba notándose.
Si hoy Venezuela está atravesando una transición política, es necesario aclarar que no es por el empecinamiento de Rosales y los suyos a meterse en un circo electoral, sino a que María Corina siempre dijo que la victoria del 28 de julio sería cobrada. Hoy la estamos cobrando, a cuotas, pero cobrando al fin. Y fue Rosales quien, en el lanzamiento de su campaña a la reelección en el Zulia, precisamente ridiculizó esta postura firme de Machado, burlándose en ese momento de la propuesta clara de la líder venezolana. Una posición que acabó consolidándose el 3 de enero en la madrugada, en unos hechos que los súbditos rosalistas siempre negaron que ocurrirían. La realidad les estalló en la cara y ahora buscan cómo cobrar algo.
Para reiterar, Venezuela hoy está atravesando el camino hacia la libertad inminente porque hubo un 3 de enero, que a su vez ocurrió gracias a un 28 de julio, que a su vez fue una jornada exitosa gracias a la organización que armó María Corina Machado junto a los partidos comprometidos con Venezuela y que no habría sido posible sin la confianza de los venezolanos, quienes se unieron en un mismo movimiento.
➨ Artículo escrito por Joel Morales, periodista y activista político
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