La transición puede ser transmitida en señal abierta, pero debe serlo con sinceridad absoluta, con respeto a la verdad
Quizás el mundo no observó el bombardeo de Caracas el 3 de enero a través de las cámaras de CNN —aunque mucho sí se vio por su pantalla—, como sí hizo con el bombardeo de Bagdad que dio inicio a la Guerra del Golfo; pero los venezolanos sí hemos podido ir viendo poco a poco cómo se levanta voluntariamente la censura autoimpuesta en algunas televisoras nacionales para dar paso a la televisación de la transición.
Aunque hay quienes dudan que la transición va en plena marcha, hay señales que dejan ver el cambio que va viviendo el país. A veces la ciudadanía no comprende los momentos políticos, pero hay ciertos grupos privilegiados que tienen olfato para ello y comienzan a sumarse a la ola del cambio. Los grupos empresariales pueden ser cautelosos, pero nunca quieren quedarse rezagados cuando la transformación es inminente. En el Grupo Cisneros ya lo vieron.
En las horas postreras de la llamada Cuarta República, los empresarios mediáticos observaron que el país vivía una conversión y se apresuraron a ser parte de ella. Al líder del momento, Hugo Chávez, no le faltó espacio en televisión. Ahora, cuando Venezuela transita hacia el retorno a la democracia, empezamos a ver en estos espacios noticias sobre el liderazgo opositor, vemos cómo se abren de nuevo noticieros que habían sido clausurados y hasta se reabren espacios para el debate. ¿Cuántos años hace que no se veía esto?
Son hechos que no se pueden pasar por alto, pero tampoco pueden darse por sentado. No olvidemos que estos espacios que hoy se abren fueron los mismos que hace unos años estuvieron cerrados para el debate de los candidatos a la primaria de la oposición, donde nunca se cedió tiempo para que Edmundo González Urrutia presentara su propuesta como candidato presidencial, donde no se cuestionó el fraude electoral del 28 de julio de 2024 y donde no se hizo una sola transmisión de las protestas espontáneas que sacudieron Venezuela al día siguiente.
Pero ¿debemos observar con rencor a estos medios que hoy experimentan una apertura luego de dar la espalda a la realidad del país durante tantos años? No, pero debemos ser vigilantes. Cada medio, cada televisora, cada radiodifusora debe ser parte del cambio. Cada uno de ellos debe ser utilizado como tribuna para enviar el mensaje de unión y esperanza que Venezuela entera debe, merece y quiere escuchar en este momento de luz. Deben ser espacios donde la dirigencia opositora, la real, tenga la oportunidad de hablarle al país del cambio que está en proceso, de la transición que va en marcha y, por supuesto, del proyecto de construcción de la patria que viene.
Como periodista me ha tocado vivir en carne propia la censura y sé lo que es verse obligado a callar por seguridad. No voy a juzgar ahora lo que muchos debieron hacer para sobrevivir. Pero sí sé que quienes hoy hablan de reapertura informativa tienen muchas cuentas que rendirle al país. Hablamos de reconciliación, sí, pero también hay que hablar de reivindicación.
La transición puede ser transmitida en señal abierta, pero debe serlo con sinceridad absoluta, con respeto a la verdad, sin servilismo y sin olvidar quiénes fueron los que durante años han pretendido callar al cuarto poder.
La transición está siendo televisada, como tiene que ser, pero el ciudadano debe ser observador de este proceso, sin olvidar nunca cada paso que nos trajo hasta este momento.
➨ Artículo escrito por Joel Morales, periodista y activista político
Excelente reflexión
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