Zapatero debería hacer un favor a los venezolanos, y también a los españoles, y desaparecer de la vida política
Hay gente que parece empecinada en andar visitando lugares donde nadie la quiere, donde no es bienvenida, y luego está José Luis Rodríguez Zapatero, que parece tener una obsesión con estar metido en donde nadie quiere verlo: primero en el Gobierno de su país, de donde muchos se arrepintieron de haberlo puesto, y ahora metido en Venezuela cada vez que le place.
El expresidente del Gobierno español, que había mantenido un mutismo absoluto sobre la situación de Venezuela desde el día de la captura de Nicolás Maduro —a pesar de que la prensa española relata que durante el 3 de enero pasó el día observando la situación y manteniendo contactos con jerarcas del chavismo—, vuelve a aparecer por aquellos lares, ahora como el defensor más prominente de la paz y la reconciliación de Venezuela. Ojalá no esté pensando que su rol en Venezuela le va a merecer un Nobel. La decepción que se va a llevar.
Zapatero apareció para elogiar la ley de amnistía que anunció el régimen encargado de los hermanos Rodríguez, la cual ya empiezan a cuestionar los partidos, líderes políticos, defensores de derechos humanos y ONG, por sus muchas inconsistencias y porque básicamente condiciona la amnistía. No está de más aclarar, como lo hizo Juan Carlos Apitz, decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela, que la legislación fue aprobada en primera discusión por la Asamblea Nacional, por unanimidad, sin que nadie conociera su contenido. Se anotan otro punto Tomás Guanipa, Capriles, Stalin González y compañía.
“La paz es la tarea, la convivencia el camino, la reconciliación definitiva la meta”, decía el político español en declaraciones a la prensa en Caracas, al tiempo que expresaba su satisfacción por el nuevo instrumento legal. ¿Será que Zapatero considera que la ley también permitirá olvidar todo el daño que le ha hecho al pueblo venezolano, que no es poco? Son de vieja data ya las relaciones de Zapatero con Venezuela, estrechadas hace 10 años, un periodo de oscurantismo donde el expresidente español se ha encargado de vejar a la causa democrática.
El prontuario es largo: mediador en un sinfín de diálogos fallidos, siempre cercano a la postura del chavismo; negocios millonarios relacionados con petróleo y otros recursos naturales; montaje de esquemas para evadir las sanciones impuestas al régimen venezolano; intermediario en la trama que extrajo 250 millones de dólares de PDVSA para financiar la Internacional Socialista y comprar la presidencia del organismo para Pedro Sánchez, el aspirante a dictador español; intimidar a la oposición venezolana en los procesos de “diálogo” para que aceptaran las condiciones del chavismo, algo que reveló hace días Julio Borges en entrevista con una radio española. Zapatero nunca condenó el fraude electoral del 28 de julio de 2024, cuando el chavismo le robó la presidencia a Edmundo González Urrutia; por el contrario, fue pieza clave en el exilio forzado del presidente electo hacia España. ¿Y con todo esto espera que confiemos en su buena fe?
Zapatero debería hacer un favor a los venezolanos, y también a los españoles, y desaparecer de la vida política. Su presencia en Venezuela es una burla a la valentía de todo un pueblo que lucha por su libertad. Sus palabras, cargadas de un vil cinismo, son una burla para miles de presos políticos y torturados.
Y como Zapatero es un burlón, no tendrá nada que decir sobre el teatro montado por Jorge Rodríguez en las afueras de Zona 7, donde madres y familiares de presos políticos —con gallardía— hacen vigilias por su liberación. Jorge llegó con su equipo de propaganda, su traje de benevolente, abnegado y carismático líder para decir a una madre falsa, militante chavista, que pronto estarán todos libres. Le sirvió solo por un momento, hasta que las madres reales, las que sí son valientes, las que sí han sacrificado todo por la libertad de sus hijos, las que sí representan a la Venezuela buena y las que mantienen la cara en alto ante la represión, lo denunciaron y tumbaron su show.
De ellas y de ellos es el futuro de este país, un país donde nunca más veamos a un Zapatero.
➨ Artículo escrito por David Caballero, periodista, con sede en Madrid (España)
Excelente artículo.!!
ResponderEliminarA ese "señor" cuando lleguemos a la Democracia plena, debe declararse persona NO GRATA para el pueblo venezolano.