El recuerdo de Maduro parece irse enterrando poco a poco en sus propias filas
En Venezuela corre un secreto a voces que todo el mundo conoce y que, de momento, solo ignoran —o han aprendido a ignorar para sobrevivir— las bases del PSUV: a Nicolás Maduro lo entregaron quienes hoy se aferran al poder, los hermanos Rodríguez y sus colaboradores. Lo reconocen los conspiradores —que se esfuerzan en guardar las apariencias—, exjerarcas del régimen y hasta funcionarios en activo.
Uno de estos últimos, con quien conversé hace días, se atrevió a comentarlo con absoluta ligereza mientras hablábamos del panorama actual del país. Hay quienes van más allá y afirman que la traición no fue solo a un hombre, sino a todo lo que durante años el chavismo defendió (asunto del que ya hemos hablado por aquí). Elías Jaua, exvicepresidente de Chávez, habla incluso de una ocupación estadounidense en Venezuela. “Aunque suene duro, somos un país ocupado militarmente; el gobierno que quedó tiene que trabajar bajo las directrices de la potencia ocupante”, declaró el exfuncionario venido a menos, según recopilan medios de la izquierda nacional.
Sin embargo, existen esfuerzos políticos y propagandísticos por parte de los vestigios del régimen para mantener la calma dentro de sus tropas y desmontar la “tesis” —que no es tesis, sino realidad— de la traición y la colaboración con la Casa Blanca; una colaboración que, cabe recordar, sí celebran los venezolanos de bien.
En un artículo de opinión/propaganda, que acabó siendo una defensa muy floja de Delcy y compañía, el alcalde chavista de Maracaibo, Giancarlo Di Martino, selló su alianza y acomodamiento con el team Rodríguez. Sin ninguna vergüenza al mostrar su adaptación, el “italiano” destacaba el carácter combatiente de Delcy —que, como todos sabemos, es solo oratoria, retórica y propaganda— y sus dotes como estadista para atraer inversión extranjera con la reforma de la Ley de Hidrocarburos (en realidad, un compromiso asumido con Washington). Además, subraya que la dictadora encargada es firme en su postura contra Estados Unidos. “Esto es muestra de su integridad y decisión de defender la patria ante cualquier pretensión extranjera”, escribía el excónsul, ocultando que las intenciones de la Casa Blanca se han venido cumpliendo una a una, como tareas encargadas a Delcy. Para reforzar su postura, niega que ella esté “vendida, avasallada y arrodillada”. Dirían por ahí: no aclares, que oscurece.
En un intento vago por exaltar el espíritu soberanista de los revolucionarios, Di Martino quiso explicar que las sanciones hicieron más daño al “imperio” que al Estado venezolano, pero acabó reconociendo —indirectamente y sin intención— que, sin la apertura hacia Estados Unidos, la producción petrolera nacional cayó a mínimos críticos. Entonces, sí es necesaria la sociedad comercial con el gigante que ejemplifica todos los males del “asqueroso capitalismo”.
Por supuesto, las sanciones por sí solas no fueron suficientes para lograr el quiebre político del régimen, hizo falta la fuerza militar para someterlo. Di Martino está claro en ello, pero dice que las sanciones sí funcionaron para acercar a Venezuela a una alianza “cada vez más sellada” con China y Rusia; esa alianza impotente que solo pudo reaccionar con comunicados mientras la Delta Force colocaba a Maduro bajo custodia norteamericana. ¿O será que les avisaron desde adentro que no se movieran, porque era una operación acordada?
Lo cierto es que la realidad habla por sí sola. Maduro dejó de ser el líder del chavismo y, a rey muerto, rey puesto. Delcy está ahí y muchos quieren comprar su favor; confrontarla no los dejaría muy bien parados. El alcalde de la segunda ciudad más importante de Venezuela ya lo entendió; quizás salga a organizar una que otra marcha o vigilia sin mucha bulla para “reclamar” la devolución de Maduro y Cilia, pero en su extenso texto apenas lo mencionó dos veces y sin hacer mayor referencia a su “inocencia” o a las ganas de tenerlo de vuelta.
¿Serán capaces las bases del chavismo de darse cuenta de que solo son utilizados a conveniencia de quienes los lideran? ¿De que solo están ahí para aceptar narrativas con fe ciega? ¿De que el chavismo no es la fuerza monolítica que creía ser y que son ellos quienes quedan pisoteados en la pelea entre los gigantes?
El recuerdo de Maduro parece irse enterrando poco a poco en sus propias filas. La Venezuela buena, la que clama justicia, por supuesto, no lo olvidará jamás.
➨ Artículo escrito por David Caballero, periodista, con sede en Madrid (España)
Gracias a Dios pasó lo que pasó y los reyes magos vinieron el 3 a darnos el mejor regalo en este siglo XXI!
ResponderEliminarEn el nombre de Jesucristo. Amén y amén!