Guanipa decidió continuar haciendo lo que mejor sabe: ser incómodo, rebelde, irreverente y, por supuesto, un líder
Las últimas semanas en Venezuela han estado cargadas de una vertiginosidad increíble. Los acontecimientos ocurren uno tras otro sin que muchas veces el ciudadano tenga tiempo para digerir el anterior. Desde la captura de Maduro el pasado 3 de enero, el venezolano ansioso de cambio y paz no se ha detenido en la expectación de qué puede ocurrir más tarde.
El júbilo silencioso de aquel 3 de enero ha venido transformándose en una euforia in crescendo, que ya nadie se esfuerza en ocultar, acompañada de una pérdida del temor de una ciudadanía que se ha ido volcando a las calles paulatinamente para exigir una transición progresiva y la libertad plena.
La excarcelación de Juan Pablo Guanipa este domingo 8 de febrero —junto a otros líderes como Perkins Rocha, María Oropeza, Dignora Hernández, Luis Somaza, a quienes se sumó también Freddy Superlano en la madrugada del 9— fue casi el punto culmen para que acabase de reventar la euforia de una nación entera que solo sueña con su libertad.
Lejos de ser complaciente con quienes lo persiguieron y encarcelaron, Guanipa decidió continuar haciendo lo que mejor sabe: ser incómodo, rebelde, irreverente y, por supuesto, un líder. Se fue a casa, hizo un par de llamadas, saludó a gente y volvió a donde quería: las calles de Venezuela.
En 12 horas le habló de esperanzas y cambio a Venezuela, caminó con la gente de esta tierra de gracia, acompañó a las madres de los presos políticos, recorrió los centros de reclusión, incluido el infame y monstruoso Helicoide. Hizo que toda Caracas, y Venezuela con ella, vibrara en una misma sintonía: libertad.
En 12 horas de libertad, hizo que se removieran los vestigios de la dictadura, una tiranía que no soportó el sismo provocado por su liderazgo y la reacción de una ciudadanía que se fue a recibirlo. ¿Fue un error liberarlo? Parece que algunos están convencidos de haberse equivocado al dejarlo en libertad y alguien apareció, esbirros mediante, para enmendar la situación y volverlo a meter en una mazmorra. Pero un espíritu libre, como el que hoy camina por Venezuela, no aguanta mucho tiempo encerrado. Apresar de nuevo a Juan Pablo no amilana ni su ánimo ni el de los venezolanos. Por el contrario, reaviva la lucha.
Fue una libertad efímera, que acabó de avivar la llama de la libertad eterna que nuestra patria vivirá pronto. Más temprano que tarde los tendremos a todos y estaremos recorriendo juntos las calles de Venezuela, transformando el futuro de nuestra nueva nación.
➨ Artículo escrito por David Caballero, periodista, con sede en Madrid (España)
Arriba nuestro líder Juan Pablo Guanipas sigue en la lucha por la libertad tú tienes la misma sangre de padre y de tú tío Frank Guanipa los Guaniperos
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