Si hacemos un ejercicio de realismo, la operación Resolución Absoluta llevada a cabo por Estados Unidos en suelo venezolano la madrugada del pasado 3 de enero constituye un triunfo único y absoluto del presidente Trump y sus colaboradores, aunque dentro de Venezuela existan quienes insistieron desde hace años en una acción de este calibre para dar inicio a la transición política.
A pesar de que la realidad les ha estallado en la cara a unos cuantos dentro del territorio venezolano, engañosamente existen quienes quieren adjudicarse este triunfo —que, insisto, pertenece exclusivamente al presidente Trump—, a pesar de que durante meses se opusieron abiertamente a la tesis de una salida “violenta” y prefirieron el camino de la servidumbre y el colaboracionismo.
En Venezuela las aguas son turbias por el momento y hay quienes pretenden pescar en río revuelto. Muchos actores políticos que en algún momento decidieron apartarse de la hoja de ruta marcada por el liderazgo opositor han intentado en estas horas atribuirse una victoria que no les corresponde, además de hacerlo sin comprometerse demasiado.
Ya celebran la liberación de los presos políticos como si fuese una bandera que solo ellos hubiesen cargado. Se han atrevido a hablar del camino y del rumbo que debe tomar la transición política del país. Y, lo más inaudito, en redes sociales se vio a algunos orando por la libertad mientras todos despertábamos sorprendidos con el bombardeo de Caracas, cuando siempre negaron la posibilidad de una incursión militar extranjera en suelo venezolano.
¿Qué pretenden estos liderazgos, a veces minúsculos, con ese cambio repentino de opinión y actitud? Sencillo: congraciarse con una ciudadanía que en algún momento deberá acudir a las urnas para elegir nuevas autoridades. Sin embargo, el venezolano ya sabe en cuáles líderes y partidos puede confiar y en cuáles no. Quienes actuaron con frontalidad en las horas más oscuras de nuestra historia y quienes prefirieron ver qué podían obtener colaborando con el régimen.
Además, pretenden ganarse el favor de un pueblo sin hacer mención a la Resolución Absoluta. Ni un solo comentario acerca de lo ocurrido. Es entendible el temor que pueda existir: aún funciona —casi a la perfección— el aparato de represión del régimen, y son varios los reportes que llegan desde diferentes ciudades de Venezuela que así lo evidencian. Pero cuando se hace política, deben entenderlo quienes dicen ser políticos, se debe estar dispuesto a correr riesgos; no se puede hacer política únicamente para obtener un puesto y luego ser servil, como en efecto han hecho.
Han decidido mantener silencio sobre un hecho, pero alardear sobre otro y decir que ha sido un triunfo también suyo. Mientras las cárceles venezolanas se llenaban de militantes y líderes que apoyaban la tesis de una intervención, los inescrupulosos se volcaron a las calles a hacer campaña política y a servirle al juego electoralista del régimen de Maduro.
El ciudadano común ahora tiene la tarea de continuar siendo observador de los acontecimientos que se suscitan día a día en el país, sacar sus propias conclusiones y, cuando llegue el momento, premiar la valentía de unos y castigar la cobardía de otros.
➨ Artículo escrito por David Caballero, periodista, con sede en Madrid (España)
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