El Delcygate nunca será olvidado y la colaboración de Sánchez, mucho menosDiscutir las diversas, pintorescas y contradictorias versiones ofrecidas por el ministro de Transporte de España, José Luis Ábalos, sería arar en el mar. El señor ministro ha demostrado sin descaro que es capaz de cambiar de opinión aunque tenga que contradecir sus 7 relatos anteriores en cuanto a la reunión que sostuvo a mediados de enero con la número dos de Maduro, Delcy Rodríguez, en el Aeropuerto de Barajas en Madrid.
El escándalo protagonizado por el también secretario de organización del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha llegado a los tribunales pero es un tema que marca pauta en la agenda del Congreso de los Diputados cada semana dada la gravedad del asunto debido a que la señora Rodríguez, en su condición de vicepresidenta de la dictadura chavista, está sancionada por la Unión Europea (UE) aunque eso poco importe al nuevo gobierno español.
Pablo Iglesias gana terreno cada día en el Gobierno y sus planes para la gestión social han migrado a política exteriorEl pasado 2019, Pedro Sánchez en su condición de jefe de Gobierno reconoció a Juan Guaidó luego de que este se juramentara como presidente encargado de Venezuela ante la usurpación que representa Maduro. En aquellos días, España parecía encaminada a defender una transición democrática en la nación caribeña y ser el altavoz en el seno de la UE de los perseguidos demócratas venezolanos, pero todo acabó en una simple percepción. La conformación del primer gobierno de coalición en el país ibérico tiró al traste las declaraciones y proclamas que Moncloa emitía en defensa de los venezolanos hostigados y azotados por el leviatán que representa el chavismo.
Unidas Podemos (UP), primer gran socio de Sánchez, tomó el control del ejecutivo español y sin duda es el que dicta las acciones a seguir. Pablo Iglesias, primer vicepresidente y chavista confeso, gana terreno cada día en el Gobierno y sus planes para la gestión social han migrado a política exterior, por lo tanto, la relación de España con la causa venezolana dio un giro lamentable hasta el punto de que la segunda vicepresidenta, Carmen Calvo, equipara la crisis en el país sudamericano con aquellas cosas que “no le importan a nadie” aunque los datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) adviertan de que cada vez son más los venezolanos acorralados por la inseguridad alimentaria.
El Delcygate quedará para la historia como un escándalo entre socialistas, de eso no cabe duda. Un bochornoso espectáculo aplaudido por los partidos que hoy sostienen a Pedro Sánchez en el poder y justificado por el propio presidente de Gobierno, que con unos meses más no dudará en robarle el puesto a Zapatero en su complicidad con el régimen de Caracas, pues el alumno supera al maestro. Recibir a Delcy Rodríguez violentando las sanciones internacionales es terrible, pero lo peor de todo es haberse prestado para tratar de convencer a Alemania y Francia de que no recibieran al líder venezolano en su gira internacional que lo llevó a más de cinco países, finalizando con especial atención en Estados Unidos. Las revelaciones hechas por el diario ABC evidencian que España no solamente conocía de la visita de Rodríguez y su séquito, como lo admitió la ministra de Exteriores Arancha González Laya, sino que estaban prestos a colaborar en su fallido plan.
Sánchez, conociendo muy bien la bomba que sería para su imagen verse con la señora Rodríguez, le dio el visto bueno a que Ábalos se sacrificara ignorando que un diario tan profesional como Vozpópuli fuese a descubrir sus juergas nocturnas con la representante de una dictadura que ha expulsado a más de cuatro millones de ciudadanos de su país, esquilmando las riquezas nacionales y asesinando a sus disidentes. España cayó en manos de una jauría sedienta de poder y hegemonía, no de defensa por la libertad propia ni mucho menos la de los demás. Unidas Podemos ordena y ejecuta, Sánchez solo calla y obedece con aquella risa cínica que las cámaras enfocan para que nunca olvidemos, ni los españoles ni los venezolanos, su indiferencia por la tragedia en Venezuela.
Por suerte aún en España quedan defensores de la dignidad. Y me quiero referir a las documentadas denuncias que en el Pleno del Congreso hace la bancada del Partido Popular y Ciudadanos, especialmente Cayetana Álvarez de Toledo y Pablo Casado. Aunque el arco de la ignominia de PSOE, UP y otros innombrables bloquean cualquier nueva declaración de respaldo a Guaidó y en contra del sátrapa Maduro, el arco de la constitucionalidad no calla ni omite los horrendos crímenes del chavismo. El Delcygate nunca será olvidado y la colaboración de Sánchez, mucho menos. [Lea La mujer de la escotilla]
➨ Artículo escrito por Carlos Guerrero Yamarte (@SrVenezolano), director de Subversión en letras y estudiante de Periodismo en la Universidad del Zulia (LUZ)
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