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Evo Morales se atrinchera en el poder y la oposición enciende la calle

    
Bolivia tiene por delante unos meses de inestabilidad que puede pasarle factura a la economía y a la confianza en las instituciones del país

El pasado domingo 20 de octubre, los bolivianos acudieron a la urnas electorales para elegir a un nuevo presidente así como a los nuevos congresistas y senadores de la nación andina. En esta ocasión, el principal contrincante del actual mandatario, Evo Morales, era el ex presidente y ex vicepresidente Carlos Mesa Gisbert, un intelectual egresado de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad Mayor de San Andrés, en Bolivia, quien después de una profunda reflexión decidió anotarse a la carrera electoral para detener al líder cocalero. 

Pero los bolivianos ese domingo no se esperaban que aquella jornada fuese a marcar una nueva etapa de movilizaciones contra Evo Morales, en gran parte debido a que los resultados comenzaron a mostrar a mitad de la tarde una caída estrepitosa en el respaldo al único presidente bolivariano que hasta ahora había podido sortear la crisis de la izquierda en la región. Sin embargo, aunque a Evo no le iba muy bien en las encuestas a pie de urna que los medios bolivianos transmitían en vivo, una supuesta “falla en el sistema” obligó al Tribunal Supremo Electoral, cuya junta directiva es cercana al partido de gobierno, a suspender el conteo y reanudarla 23 horas después del primer corte que quedó en un 83%. Aquello desembocó en inmediatas sospechas de fraude que se lanzaron en forma de protestas en las calles de las principales ciudades del país; la Misión Electoral de la OEA exigió el reinicio del conteo y los países vecinos pidieron transparencia. 

Las reglas electorales de Bolivia establecen una primera y segunda vuelta electoral para lograr la presidencia, no obstante, si un candidato logra en primera vuelta un 40% y además, una brecha de 10 puntos por encima de su próximo adversario, gana virtualmente la elección presidencial y no es necesario ir a una segunda vuelta. Pero este no era el caso de Evo antes de la suspensión del conteo, pues varias encuestas a boca de urna, realizadas por la firma Viaciencia, evidenciaban que Evo Morales solo superaba a Carlos Mesa entre 5 o 6 puntos de diferencia, motivo que obligaría al líder indígena a acudir a una segunda vuelta por primera vez desde que accedió al poder en el 2006. 

El Tribunal Supremo Electoral argumentó la supuesta falla en el sistema para suspender el conteo de votos pero además, en medio de la histeria popular, los Tribunales Electorales Departamentales (TED), como el de Chuquisaca y Oruro, se plegaron a la línea nacional y dejaron de emitir el conteo denunciando que las movilizaciones opositoras “eran riesgosas para la seguridad”. En este punto, la denuncia de fraude se extendió por todo el país y Carlos Mesa solicitó a sus seguidores “defender los votos” en las calles, así que desde Tarija hasta La Paz se armaron vigilias en plazas y frente a sedes gubernamentales donde la policía no dudó en reprimir para dispersar la marea ciudadana amotinada ante una nueva burla a la voluntad de Bolivia. 

La crisis en Bolivia es escandalosa por el descaro con el que se preparó el fraude electoral. 

Mientras tanto, los medios reportaban que los seguidores de Evo Morales, abanderado del Movimiento Al Socialismo (MAS), contenían la respiración ante lo que era obvio: una segunda vuelta electoral estaba a la vuelta de la esquina y el caudillo cocalero de Orinoca tenía todas las de perder ya que los otros dos candidatos presidenciales, que quedaron de tercer y cuarto lugar, inmediatamente de conocer los resultados preliminares se pronunciaron a favor de Carlos Mesa, del partido Comunidad Ciudadana

En su brevísima declaración a los medios la noche del domingo 20 de octubre, Evo Morales con suma preocupación, aseguró que había obtenido “una nueva victoria consecutiva” y resaltó que también en la Asamblea Legislativa tenía “mayoría absoluta”. Luego se retiró abruptamente de la sede de gobierno en La Paz y se fue a su búnker a planificar lo que vendría después. Los periodistas no pudieron hacer preguntas y los seguidores que ingresaron al Palacio de Gobierno se limitaban a gritar consignas pero a los minutos fueron desalojados. 

En una semana de intensas movilizaciones, el Tribunal Supremo Electoral finalmente declaró ganador en primera vuelta a Evo Morales con el 47% de los sufragios mientras que a Carlos Mesa le dieron un 36% que este rechazó de plano y respondió junto a la oposición que incluye partidos políticos, movimientos estudiantiles, sindicatos y organizaciones sociales la creación de la Coordinadora para la Defensa de la Democracia con la que aspiran a plantarle “resistencia cívica y pacífica” a Morales, que ya en el 2016 ignoró los resultados adversos para su relección en un referéndum vinculante que con ayuda de sus camaradas del Tribunal Constitucional logró evadir violentando la voluntad ciudadana que mayoritariamente le dijo “NO”. 

 Evo aprendió muy bien lo que es el amor al poder gracias a sus mentores ideológicos Fidel Castro y Hugo Chávez

La crisis en Bolivia es escandalosa por el descaro con el que se preparó el fraude electoral. Aunque el Gobierno ha invitado a la OEA a participar en el recuento, las quejas cada vez son más grandes ante el desgaste de un modelo que si bien no ha emulado de todo al chavismo en lo económico, ya ha provocado el hartazgo en la sociedad boliviana que aspira una nueva conducción política y gubernamental que no tenga intenciones de permanecer eternamente en el poder, tal como lo ha demostrado Evo Morales con suficiente asesoramiento de los regímenes de Cuba y Venezuela. 

Bolivia tiene por delante unos meses de inestabilidad que puede pasarle factura a la economía y a la confianza en las instituciones del país, de por sí ya deteriorada por un Gobierno que cumple trece años en el poder controlando e inmiscuyendo sus intereses en las organizaciones que, se supone, deberían ser independientes pero que el amor toxico por el poder de estos bolivarianos las ha llevado a cumplirles sus sueños de caudillos inmortales. Evo aprendió muy bien lo que es el amor al poder gracias a sus mentores ideológicos Fidel Castro y Hugo Chávez, este último también fue su prestamista, y ahora trata de mantenerse alejado del dictador Nicolás Maduro pero ya es muy tarde, los bolivianos saben que los nexos entre Caracas y La Paz son profundos. Espero sinceramente que Bolivia logre encontrar la tranquilidad que necesita y al mismo tiempo vuelva al carril de la democracia y el respeto al Estado de derecho.


Imágenes cortesía de Reuters

Artículo escrito por Carlos Guerrero Yamarte (@SrVenezolano), director de Subversión en letras y estudiante de Periodismo en la Universidad del Zulia (LUZ)

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