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#20M ¿elección o autoproclamación? | Carlos Guerrero Yamarte



Venezuela enfrentará el domingo 20 de mayo un escenario electoral que realmente no tiene la garantía de que será realmente así, es decir, una elección verdadera, transparente, auditable, verificada y respetada por la comunidad internacional como sí ocurre en las sociedades democráticas, incluso, una importante cantidad de venezolanos están dispuestos a boicotear lo que la Asamblea Nacional legítima llamó con sinceridad un “acto político”.

Las discusiones en las redes sociales, en las reuniones familiares o en los encuentros con los amigos, incluso en el transporte público o lo que queda de él, es justamente si votar  o no votar, desde mi punto de vista y muy alienado a la opinión del constitucionalista José I. Hernández, es un tema vacuo que realmente no resolverá el problema de fondo, y digo que es un tema sin sentido no porque soy de los que desprecia el derecho al sufragio, todo lo contrario, sino porque la decisión de votar o no votar sin una estrategia claramente delineada y discutida por los factores políticos que respaldan cada decisión es solo una discusión que no tendrá mayor trascendencia salvo si se lograra alguna unidad que plantara cara al régimen y a sus instituciones. Sin embargo, eso no pasará antes del domingo.

El 20 de mayo, seguramente, Nicolás Maduro resultará “reelecto presidente”, no sin antes bajo el beneplácito de la infame presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, que tendrá como propósito asegurar que Maduro “ganó” por más de diez millones de votos, una cifra que el chavismo nunca logrará pues ni el propio Hugo Chávez en sus buenos tiempos de popularidad logró captar y mucho menos lo podrá lograr el actual mandatario que mantiene a Venezuela bajo una severa y estricta escasez de alimentos como de medicinas, un éxodo masivo de ciudadanos que abandonan el país ante el aumento de la miseria, los altos índices de hiperinflación como el ascenso imparable de la represión gubernamental que no distingue entre la sede de un partido político o la sala de emergencia de un hospital. Pero todo esto se dará ante los aplausos de “opositores” como Henri Falcón, candidato presidencial, y el propio Javier Bertucci, el primero con la arrogante idealización del “hombre de la transición” y el segundo muy mal creído el “mesías”.

Falcón y Bertucci se han atrevido a decir en cualquier medio de comunicación que son invitados que “las condiciones electorales del 2015 son las mismas de hoy”, tal vez afirman eso porque sus partidos no están inhabilitados, pues en el 2015 no lo estuvieron, o porque ellos mismos gozan de habilitación para presentarse a cargos públicos mientras que los principales dirigentes de la oposición se encuentran encarcelados, inhabilitados o en el exilio, o porque continúan creyendo que el chavismo permitirá que le derroten en circunstancias tan adversas para ellos cuando la propia comunidad internacional se ha volcado en su contra, situación que tampoco resuelve nada mientras a lo interno la ciudadanía permanezca pasiva. Lo cierto es que decir que las condiciones electorales son buenas y están garantizas por observadores internacionales enajenados monetariamente al Palacio de Miraflores es una barbaridad y un error garrafal, incluso, está comprobado que los instructores del CNE para los miembros de mesa pertenecen a las organizaciones comunales del régimen, cuando se supone que debe ser un órgano independiente del  poder o que el chavismo empujará el ilegal voto asistido, que comprarán con diez millones de bolívares y utilizarán para ello el “Carnet de la Patria”, instrumento ideado para controlar a la ciudadanía en sus decisiones con míseros bonos que producen mayor inflación ante lo inorgánico del dinero que regalan.

Visto el panorama político, a los venezolanos no nos queda duda que el 20 de mayo ocurrirá la autoproclamación de un hombre como presidente del país, electo por la minoría con el control total para hacer creer que son mayoría y sobre todo, ante la pasividad de los que se han postulado para lavarle las manos ensangrentadas al régimen y sin la posibilidad de unirse en contra del ventajismo y el abuso de poder simplemente porque durante su campaña electoral, en el caso de Falcón, parece ser que su verdadero adversario no es Maduro, sino la oposición a la que él perteneció y en último momento decidió abandonar porque siempre ha soñado con ser presidente.

Los venezolanos que creemos en el voto no nos podemos prestar para legitimar con nuestro derecho la disolución del mismo; no podemos acudir a votar para hacer de nuestro derecho constitucional un tramite administrativo que solo servirá para apoyar la falsa tesis democrática del régimen; no podemos los venezolanos claudicar en la lucha contra el establishment ni mucho menos regalarle nuestro voto útil a un hombre que se han encargado de mancillar a nuestro país. La invitación es recuperar las garantías del sufragio, que realmente votar signifique elegir y que se respete nuestra decisión y no estar esperando que desde los pasillos del partido de gobierno se tergiverse la decisión de las mayorías. El 21 amanecerá y nada habrá cambiado, la situación solo empeorará en la medida en que la crisis aumente y los ciudadanos continuemos esperando “la salvación divina”. Los escenarios para el domingo son diversos, esperemos los acontecimientos.

  • Artículo escrito por Carlos Guerrero Yamarte | @SrVenezolano

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