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EDITORIAL | La salsa del presidente


Nicolás Maduro no tiene remedio; es increíble su incapacidad para gobernar y su amor por la mentira y miseria del pueblo; él se ha convertido en un redentor de idiotas, quien crea en el “presidente obrero” no puede tener otro calificativo que idiota, pues una persona que siga los pasos de un tipo que ha devaluado nuestra moneda a niveles inéditos, así como terminado de destruir la economía nacional y prestar la rampa 4 del Aeropuerto de Maiquetía para que sus sobrinos trafiquen droga, no puede ser alguien en sus cabales.

Mientras millones de venezolanos sufren la desgracia del Socialismo del siglo XXI, el hombre que ocupa Miraflores baila salsa todos los días, se burla a diario del hambre de los niños, de las calamidades de los enfermos y de la cara de lerdos de aquellos que aplauden como focas cuando el presidente “les regala” una casa, un carro o les da una beca de miseria para que sigan creyendo en un muerto que no volverá a salir de su hueco ni porque el mismísimo Tribunal Supremo de Justicia lo declare “vivo”. Maduro no cambiará, no dará su brazo a torcer porque realmente no es él quien manda, no es él quien mueve los hilos del poder; Nicolás Maduro es una marioneta al que colocan en cámaras para que haga el ridículo bailando salsa.

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