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Se les muere la revolución


La muerte es un proceso muy triste y doloroso para aquellos que aman a esa persona que ya no esta; es un cambio duro para las personas que se quedan aquí con nostalgia y tristeza pero con buenos recuerdos que vivieron juntos. Con los procesos políticos es parecido aunque tienen diferencias: Todo proceso político cae y sube, cuando alguien muere solo queda en los pensamientos o en alguna que otra fotografía. Luego de la caída de la Unión Soviética en 1991, muchos ex-soviéticos entraron en una profunda depresión; desde Moldavia hasta Uzbekistán lloraban, la nostalgia era cada vez mayor y el recuerdo de aquellos años rojos quedaron grabados en la mente de millones. 

Las revoluciones, en específico, logran calar en los ideales y sentimientos de ciudadanos descontentos con sistemas económicos que no son de su preferencia, es el caso de la Revolución Cubana y la Revolución Bolivariana. Cada uno de estos dos procesos políticos-económicos, lograron tocar al más pobre, tuvieron la astucia de enamorar y fanatizar a millones de ciudadanos, así como también lograron empobrecer a los mismos. Las revoluciones pueden enamorar, pero terminan rompiendo corazones.

En Venezuela ocurre algo parecido a lo ya comentado; Hugo Chávez llegó al poder mediante mentiras y con una hipocresía inmensa que lo llevó a gobernar a su gusto el país; si Chávez reía sus seguidores reían, si Chávez lloraba sus seguidores lloraban, si Chávez cantaba o insultaba, sus admiradores hacían lo mismo y trataban de superarlo. El verbo encendido de Chávez polarizó, como nunca, a Venezuela; él dividió para reinar: por un lado a los “patriotas” y por otro lado a los “escuálidos, imperialistas, oligarcas, fascistas”, entre otros tantos adjetivos. La Revolución Bolivariana, la que una vez soñó Hugo Rafael, no ha sido lo que le hubiese gustado ver y eso gracias a su “genial idea” de designar a su delfín: Nicolás Maduro, quien ha terminado de profundizar la crisis que dejaba Chávez antes de morir; Maduro que es un incapaz y analfabeto político, no ha sabido ni sabrá cómo salvar la revolución que ha comenzado a fallecer.

Sólo es necesario salir a las calles y escuchar voces de quejas constantes, voces de hombres y mujeres que en otrora daban la vida por Chávez, quien era su “mesías”, pero que hoy piden a gritos que excomulguen al anti-Cristo que les dejo su Comandante. Según las últimas encuestas, Maduro ha sido el presidente más impopular que ha tenido el país, el más ineficaz y el más terco; su impopularidad supera a la del fallecido Carlos Andrés Pérez, Maduro se ha convertido en el enemigo número uno de la propia revolución/involución que le tocó timonear sin freno y sin sabiduría. 

La Revolución Bolivariana se esta muriendo y no tiene aspirinas; el proceso que reavivó a la Izquierda en América Latina ha comenzado a dar “patadas de ahogado” ante la creciente indignación popular, el régimen apuesta por la brutalidad de los cuerpos de seguridad y por la persecución diaria que viven los políticos y ciudadanos adversos al “proceso”. Es evidente que ya nada será como antes -que era malo, pero ahora es peor-, los propios chavistas dicen que Maduro debe irse porque “ha matado a la revolución”; en el propio palacio presidencial deben desear su salida, así como lo desean en todas las esferas del poder, de su propio y debilucho poder. Amigo oficialista, usted sabe que el sueño de Chávez se fue por la alcantarilla, Maduro y su terquedad lo lanzaron por allí; ya no mencionan al fulano “Plan de la Patria”, ya se olvidaron de ese panfleto y se dieron cuenta de la chaladura de su Comandante. Él también los estafó sin piedad.

Poco a poco la revolución va dejando de respirar, a cada instante alguien se da cuenta de la fábrica de miseria que Maduro ha inaugurado; los habitantes de los maltratados barrios de las principales ciudades del país, han dejado de usar las franelitas rojas, simbólicas del Chavismo, ya no gritan las consignas del partido, ni mucho menos ven las aburridas cadenas de Maduro, ya los ciudadanos han despertado y ni flores le han comprado para lanzarle al ataúd de la “revolución”.



Carlos Guerrero / @SrVenezolano.

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